miércoles 4 de enero de 2012

Salmo 42- Mi Alma Tiene Sed

Autor: Eliab Huerta Sánchez.
Arreglo: Eliab Huerta Sánchez/Héctor Vejar.

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por Ti, oh Dios el alma mía
Mi alma tiene sed de Ti, del Dios vivo y verdadero,
¿Cuándo me presentare, Oh Dios ante Tu altar?

Mi alma tiene sed de Ti, del Dios justo y verdadero,
Roca mía eres Tu Dios de dioses Eternal,
Mi alma espera hoy en Ti, en Tu gran misericordia
¿Cuándo me presentare, Oh Dios ante tu altar?

Fue así mi llorar este pan de día y de noche,
Mientras me decían también, ¿en dónde está tu Dios?
¿Porque te abates hoy, Y te turbas alma mía?
Espera en el Dios de amor, pues Él te salvara

¿Porque te abates, oh alma mía y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios. Digno de alabarle,
Espera en el gran Dios de Amor,
Salvación mía eres TÚ.

Amen.

Salmos 42


Mi alma tiene sed de Dios
Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré.

42:1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
42:2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
42:3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
42:4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
42:5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
42:6 Dios mío, mi alma está abatida en mí; Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán, Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
42:7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
42:8 Pero de día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su cántico estará conmigo, Y mi oración al Dios de mi vida
42:9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
42:10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
42:11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

martes 22 de junio de 2010

Huellas en la Arena

"HUELLAS EN LA ARENA"
Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por el desierto con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tu me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

EL,
NUNCA TE DEJÓ,
NO TE DEJA
NI TE DEJARÁ

martes 25 de septiembre de 2007

Gigante Chiquito

Amigo, querido...
Gigante, chiquito...
Cuánto amor,
cómo te quiero hijo mío.
Mírame siempre a los ojos
que en tus ojos me miro.

Amigo, querido...
Travieso, bandido...
Yo soñé
y eras mi sueño hijo mio.

Ayudame...
A entender la vida,
a querer ser bueno,
ayudame...
A creerte siempre,
a escucharte siempre,
a entender...
Ayudame,
a pintar tu mundo
de un amor profundo,
ayudame,
a llenar la casa
de luz, de esperanza,
ayudame...

Amigo, querido,
tan tierno, tan mio,
tan felíz de que seamos amigos.
Llévame siempre en tu alma
que tu alma es mi abrigo...

Ayudame...
A entender la vida,
a querer ser bueno,
ayudame...
A creerte siempre,
a escucharte siempre,
a entender...
Ayudame,
a pintar tu mundo
de un amor profundo,
ayudame,
a llenar la casa
de luz, de esperanza,
ayudame...

jueves 26 de abril de 2007

Cómo no decirte que te amo

CÓMO NO DECIRTE QUE TE AMO
Letra y música: Arturo Giraldo Jr.

(cantado)
//Cómo no decirte que te amo,
cómo no cantarte mi amor,
si estás en todo lo que hago
¡oh Padre Dios! // bis

(recitado)
Cómo no decirte que te amo,
si cuando entra el sol por mi ventana
me saludas con Tu amor otra mañana,
con un beso sublime, cotidiano.

Cómo no decirte que te amo,
si al calor del hogar allá en la mesa,
servido siempre está lo que aderezas,
el alimento que viene de Tus manos.

Cómo no decirte que te amo,
si has hecho para mí el universo,
si te veo en la rosa y en los versos
y estás presente en todo lo que hago.

Cómo no decirte que te amo,
si Tu misericordia es infinita.
Me perdonas, me guías y me mimas;
y Tu voz me conduce hasta tus atrios

Cómo no decirte que te amo,
si soy la gracia que en mí Tú depositas;
vas moldeando mi vida como arcilla,
con Tus manos divinas de artesano.

¡Cómo no decirte que te amo!

(cantado)
//Cómo no decirte que te amo,
cómo no cantarte mi amor,
si estás en todo lo que hago
¡oh Padre Dios! // bis

(recitado)
Cómo no decirte que te amo,
¡Ternura de ternuras, dulce Padre!
Belleza de belleza incomparable,
y por encima de todos, Soberano.

Cómo no decirte que te amo.
Tú eres el dueño total del alma mía;
has borrado de mi piel melancolías,
y me has devuelto el gozo cuando hay llanto.

Cómo no decirte que te amo.
Tú eres digno de loor y de alabanza;
te adoramos con panderos y con danzas,
con cánticos y gritos te aclamamos.

Tú eres el Rey de más alto linaje
y solo a Ti la gloria pertenece;
donde Tú estás, Señor, todo florece,
porque llevas tu Amor como equipaje

Hoy soy feliz al decirte que te amo.
Tú eres el centro de todos mis afectos;
hoy levanto mi voz y grito al viento,
¡Definitivamente Padre!: ¡Yo te amo!... ¡Te amooooooo!
¡Yo te amo... oh, Padre!

(cantado)
//Cómo no decirte que te amo,
cómo no cantarte mi amor,
si estás en todo lo que hago
¡oh Padre Dios! // bis

El Herrero

EL HERRERO
Dynell Waterman cuenta la historia del herrero que, después de una juventud llena de excesos, decidió entregar su alma a Dios.

Durante muchos años trabajó con ahínco, practicó la caridad, pero, a pesar de toda su dedicación, nada perecía andar bien en su vida, muy por el contrario: sus problemas y sus deudas se acumulaban día a día.

Una hermosa tarde, un "amigo" que lo visitaba, y que sentía compasión por su situación difícil, le comentó: "Realmente es muy extraño que justamente después de haber decidido volverte un hombre temeroso de Dios, tu vida haya comenzado a empeorar. No deseo debilitar tu fe, pero a pesar de tus creencias en el mundo espiritual, nada ha mejorado."

El herrero no respondió enseguida: él ya había pensando en eso muchas veces, sin entender lo que acontecía con su vida, sin embargo, como no deseaba dejar al amigo sin respuesta, comenzó a hablar, y terminó por encontrar la explicación que buscaba. He aquí lo que dijo el herrero: En este taller yo recibo el acero aún sin trabajar, y debo transformarlo en espadas. ¿Sabes tú cómo se hace esto?

Primero, caliento la chapa de acero a un calor infernal, hasta que se pone al rojo vivo.

Enseguida, sin ninguna piedad, tomo el martillo más pesado y le aplico varios golpes, hasta que la pieza adquiere la forma deseada.

Luego la sumerjo en un balde de agua fría, y el taller entero se llena con el ruido del vapor, porque la pieza estalla y grita a causa del violento cambio de temperatura. Tengo que repetir este proceso hasta obtener la espada perfecta: una sola vez no es suficiente.

El herrero hizo una larga pausa, y siguió: A veces, el acero que llega a mis manos no logra soportar este tratamiento. El calor, los martillazos y el agua fría terminan por llenarlo de rajaduras.

En ese momento, me doy cuenta de que jamás se transformará en una buena hoja de espada.

Y entonces, simplemente lo dejo en la montaña de fierro viejo, que ves a la entrada de mi herrería. Hizo otra pausa más, y el herrero terminó: Sé que Dios me está colocando en el fuego de las aflicciones. Acepto los martillazos que la vida me da, y a veces me siento tan frío e insensible como el agua que hace sufrir al acero. Pero la única cosa que pienso es:

"Dios mío, no desistas, hasta que yo consiga tomar forma que Tú esperas de mí. Inténtalo de la manera que te parezca mejor, por el tiempo que quieras -pero por favor- nunca me pongas en la montaña de fierro viejo de las almas".